En los últimos días se ha levantado una intensa campaña de opinión pública alrededor de la construcción de un cementerio privado en Santo Domingo Este (SDE).
El debate ha dividido criterios entre quienes sostienen que la inversión debe ser exclusivamente de empresarios del propio municipio, y quienes entienden que el principio de libre empresa también debe ser respetado, aun cuando participen inversionistas de otras demarcaciones.
Los primeros argumentan que durante más de 20 años empresarios del municipio han sostenido el servicio funerario local, invirtiendo recursos, creando empleos y atendiendo las necesidades de la comunidad.
Desde esa óptica, consideran que lo justo es que esa nueva inversión permanezca en manos de quienes han apostado por el municipio desde hace décadas. También sostienen que el ayuntamiento debería priorizar a los empresarios de la demarcación, como una forma de proteger la inversión criolla y fortalecer la economía local.
Sin embargo, otro grupo de empresarios plantea un argumento que también tiene fundamento: la libre empresa es un principio económico legítimo, y el municipio no puede cerrarse a la inversión externa si esta cumple con los requisitos legales, técnicos y ambientales establecidos. Según esta visión, Santo Domingo Este es uno de los municipios más grandes y dinámicos del país, y limitar la inversión solo a actores locales podría enviar un mensaje contrario al desarrollo y a la apertura económica.
En medio de esta discusión, algunos sectores han intentado colocar al alcalde en una verdadera camisa de fuerza política. Si favorece a inversionistas locales, se le podría acusar de cerrar las puertas a la inversión externa. Pero si autoriza proyectos impulsados por empresarios de otras zonas, también se le podría señalar de no defender los intereses económicos del municipio.
Ante este escenario surge una pregunta sencilla, pero poderosa: ¿por qué no buscar soluciones inteligentes que beneficien a todos?
Una alternativa razonable sería fomentar sinergias y alianzas entre inversionistas locales y externos. De esa manera se combina capital, experiencia y arraigo comunitario, al tiempo que se reduce la tensión pública y se fortalece el proyecto.
Pero existe otra posibilidad aún más clara y pragmática: autorizar más de un proyecto. Santo Domingo Este supera ampliamente el millón de habitantes y continúa creciendo aceleradamente. En términos de planificación urbana y servicios funerarios, no resulta descabellado pensar en dos cementerios privados que respondan a la demanda futura del municipio.
Un proyecto podría ser desarrollado por empresarios del propio SDE, reconociendo su trayectoria y su inversión histórica en el sector funerario. Y otro podría abrirse a inversionistas externos, bajo las normas y regulaciones correspondientes.
De esta forma, el municipio gana en infraestructura, inversión, empleos y servicios, mientras se reduce la presión política sobre las autoridades municipales.
Porque al final del día, el verdadero objetivo no debe ser quién gana el debate, sino qué solución beneficia más a la comunidad.
Santo Domingo Este es un municipio grande, pujante y en expansión. Pensar en grande también implica abrir espacios para más de una inversión.
En otras palabras, la solución podría ser más simple de lo que parece:
KLK: dos cementerios privados… ¡y asunto resuelto!